Cuando parece que todo se viene abajo, ¿por qué no darnos a nosotros mismos una dosis extra de acompañamiento y automotivación?
Todas las grandes cosas requieren tiempo, paciencia y una buena cantidad de positivismo para que empiecen a ir mejor.
Cuando todo se torna oscuro y nos da el bajón, qué hacer?
Movernos. Movimiento. Devenir. No estancarnos. Cada situación en la vida significa un nuevo comienzo y también un nuevo fin. Y cuando cesa el movimiento, el desastre ocurre.
Entonces, la clave?
integrarnos con el movimiento de la vida.
Aceptar esto es vivir en armonía con nosotros mismos y con los ritmos de la vida.
Me apetece comentar algunas frases que he ido descubriendo por la Red, cargadas de sabiduría y en línea con esto que acabo de mencionar, y que al plantearme su significado me han ayudado a salir de situaciones difíciles y me han orientado a seguir la dirección adecuada.
La vida no va de esperar a que pase la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia.
Una cosa es esperar con ilusión a que suceda algo que queremos y otra muy distinta es girar en torno a ese acontecimiento. No señores, NO! Vivir con ilusión y con sentido común, con los pies en la tierra y no en las nubes.
No dejemos de disfrutar de la vida por esperar. Esperar... a qué? el momento es
ahora.
Y si las circunstancias son adversas,
actuar, lidiar con ellas, no esperar a que se resuelvan solas.
Todo el dolor que nos llegue lo podremos soportar.
Aquí está una de las grandes bondades de la vida: nunca escaparemos al dolor. Lo principal es ver su lado positivo,
siempre nos fortalece. El dolor es parte de la vida y no llega sin un propósito. No es para fastidiarnos, aunque estemos molestos un tiempito, sino para hacernos crecer, evolucionar, mejorarnos. Ser una mejor versión de nosotros mismos. Dicen: no hay crecimiento sin dolor. Cuando vemos la vida desde esta óptica, nuestra visión cambia.