¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?
- Vincent Van Gogh
Sin miedo, confiando en mi misma, en mi habilidad para subir, mi flexibilidad y mi fortaleza física y mental.
Confiando en mis manos y mis piernas, en mi mente, mi intuición y mi vista, que va a ir buscando las grietas y salientes por donde agarrarse.
Confiando en el compañero que permanece atento a cada movimiento que hago, que sujeta mi peso con su propio cuerpo, que permanece alerta ante una eventual caída, que me empuja a seguir y me lanza unos "venga, valiente, sigue, que puedes..."
Confiando en la cuerda que me sujeta, en la roca que por su solidez no se va a desprender, en los puntos de anclaje que se sostienen firmes en dicha roca y en el arnés que rodea mi cuerpo.
10 metros arriba mi relación con la piedra es distinta que cuando la piso abajo. Me siento en unión con ella, confiando en ella, observando en silencio sus grietas, las vías que me ofrece para agarrarme y sostenerme.
Analizando el mejor trayecto, la mente se vuelve caótica y práctica a la vez, se debate entre el "quiero abandonar" y el "sé que puedo seguir".
Al atascarme en un punto empleo una estrategia a seguir: alejarme un poco de la roca para tomar perspectiva, observarla de nuevo desde otro punto y tomar la vía que más se adapte a mi.
Tiempo, tiempo... me tomo mi tiempo...
Con perspectiva veo perfectamente un agarre que antes no veía. Bien, por aquí!!
Cuando aparece la dificultad, puedo ver mis puntos de flaqueza, los que me dicen que no siga, que no puedo, que no hay apoyos suficientes... y al momento siguiente, con más claridad soy consciente de mi propia actitud derrotista que me empuja a bajar. Me cabreo y digo: deseo seguir, cueste lo que cueste.
Entonces logro subir hasta el último punto de anclaje y hago tintinear la cadena que sostiene la cuerda y por la que se hace el descuelgue.
Escalar es un acto de fe, de saber que puedes, que lograrás subir confiando. Me recuerda al acto de fe de Indiana Jones al cruzar el no-puente suspendido entre el mortal acantilado.
Un ejercicio de confianza, de fortaleza física y mental, una experiencia más... y ha sido maravillosa.

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