Hace unos meses formé parte de un círculo de mujeres del que aprendí muchísimas cosas que llevo conmigo como tesoros, como claves de vida que me han ayudado a sanar y crecer emocionalmente y que han nutrido y fortalecido mi despertar.
El círculo de mujeres es un espacio de encuentro, de acompañamiento, de escucha, de compartir, de crear, de ser... un reencuentro con el universo femenino, en el que mujeres en movimiento, con la mirada, la respiración, la palabra y mediante la danza, la pintura y otras artes se reconocen, se comprenden y se apoyan.
La energía vital y creadora que se generaba en esas reuniones era elevada a la enésima potencia. Recuerdo el final de la primera sesión cuando formamos todas un círculo con los brazos entrelazados y con una música inspiradora de fondo sentimos una energía que provenía del interior de cada una de nosotras, dando lugar metafóricamente a un cálido y potente fuego que envolvía toda la sala y multiplicaba las vibraciones positivas hasta el infinito.
Y es que cuando las mujeres nos juntamos la energía individual se suma a la de las demás y se genera un poder sagrado que retorna a cada una aumentando su fuerza vital. Es como si se creara una conciencia colectiva de la sabiduría ancestral de la mujer. En otras palabras, celebramos lo femenino, la esencia, nuestro lado sensible y poderoso que da lugar a la libertad física, mental, emocional y espiritual.



