...y alzando el vuelo

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domingo, 12 de abril de 2015

Carta de una buena amiga

Mi amiga es particular.

Me cuenta con frecuencia que su madre y una de sus mejores amigas coinciden en definirla como entrañable. A mí también me lo parece porque le encanta hablar del alma, de la esencia, de las "entrañas" y de todo lo que tiene que ver con la realización, el desarrollo personal y la superación. De hecho, de todo lo que hace, tiene que sacar la mejor experiencia, sacarle el jugo, encontrar la conexión emocional, que todo tenga un sentido espiritual. Por eso digo que es particular, porque a pocas personas me he encontrado a las que les guste hablar con tanta honestidad de sus temas emocionales. Normalmente la gente oculta sus sentimientos, se desconecta de ellos, los reprime, se autoengaña… y ella misma me ha contado que hasta hace bien poco también era así, pero un día se encontró con SU VERDAD de frente y decidió seguirla.

Una de las cosas que más me llama la atención de ella es la fuerza interior que tiene, pese a ser de pequeño tamaño y aspecto juvenil, parece un ciclón que todo revuelve a su paso. Gracias a esa fuerza que tiene, aseguro que es una de las personas más resilientes que he conocido, ya que lucha por esa verdad, por superar las adversidades, por ponerse en pie de nuevo y sacar el lado positivo de la historia. Recientemente ha salido airosa de situaciones muy complicadas de las que ha aprendido mucho y le han dado gran parte de esa fortaleza de la que hablaba antes.
Ha logrado escuchar su intuición y hacerla caso. Dicen que la intuición es la lucidez que el corazón conoce y la mente ignora. La intuición te conecta con toda esa sabiduría interior de la que no eres consciente, pero que está en ti. Me recomienda muchas veces que me escuche y me conecte conmigo misma para saber el camino correcto. Creo que de ahora en adelante le haré caso, a ella no le está yendo nada mal.
Quiere a su hijo con locura. Parece que una vez recuperada de un traspiés en su vida se está conectando mucho con su pequeño y está entusiasmada con crear un vínculo fuerte y cercano con él, sobre todo porque quiere ayudarle a que vaya construyendo su propia identidad y desea de verdad acompañarle en ese camino porque sabe lo imprescindible que es, como madre, estar junto a su hijo y ayudarle a que sea un niño feliz, un joven despierto y un adulto íntegro.
Lo que más le pierde son los “prontos” que tiene de vez en cuando. Ella cree que son producto de estar aprendiendo a gestionar sus propias emociones, entonces a veces le da uno de esos "prontos" y se ataca, y es cuando grita a su niño, le castiga, le muestra incoherencias y otras cosillas que realmente no le gusta hacer, ni por supuesto a él recibir. Para ella es un auténtico reto superar esta etapa y está poniendo los medios necesarios para conseguirlo. Al ir entendiendo mejor sus propias emociones está empatizando con él, poniéndose en contacto con sus necesidades (con las de los dos) y conectándose más consigo misma y con su hijo.
Es de sobra conocido que por las mañanas es un poco perezosa y le cuesta levantarse para empezar el día, por lo que luego va presionada y ese estrés que ella misma se genera, lo va depositando en el niño metiéndole prisa, y al final acaban los dos enfadados mientras van caminando al cole. Me cuenta que lo está superando con autocontrol, mucha reflexión de la situación y parándose a pensar antes de actuar.
Está en vías de liberarse del control que ejerce en su vida y en la de su hijo, que denota claramente inseguridad y miedo. Esa exigencia que se pone en todo lo que hace al querer exprimir el jugo de sus vivencias le hacen tener un alto coste emocional, por lo que trata de prestar atención cuando hay leves indicios de ese control. Le voy a sugerir que lo pierda de vez en cuando. Creo que así le irá mejor.
Es genial ver que ha recuperado su alegría natural y eso se le nota en la mirada y en su actitud frente a la vida. Porque como dicen: los ojos son el reflejo del alma. Y sus ojos están cargados de VIDA.
Con todo mi afecto,
Fdo: tu amiga.


*Esta carta ha sido escrita por una buena amiga mía, tan cercana a mí que a veces la confundo conmigo misma.