Joy es un niño de cuatro años, despierto y juguetón, incansable en su deseo de aprender y al que le encanta que le cuenten cuentos para dormir.
Sus historias favoritas son las del espacio exterior, las que hablan de la luna, las estrellas y los planetas, ya que siente una enorme curiosidad por todo lo que está ahí fuera.
Cada noche, después de que su mamá le lea un cuento, él comienza a soñar. Esta noche imagina que es un astronauta que viaja hasta la luna en su nave espacial, que lleva un traje acolchado y unas botas grandotas que dejan huellas gigantes.
Le gusta soñar que salta sobre la luna sin apenas notar la gravedad. Las vistas son magníficas y desde ahí puede observar la Tierra, el sol y el resto de planetas, así que siguiendo su curiosidad y en su deseo de ir mas allá, esta noche siente que sería genial poder saltar encima de los planetas como si fueran pelotas de goma, mullidas y flexibles.
Le llama la atención Plutón, el más lejano de todos y se imagina a sí mismo saltando cada uno de los planetas hasta llegar a él, pero siente miedo a lanzarse porque está oscuro y mucho más oscuro cuanto más alejado esté del sol.
Una
estrella mágica y llena de luz se acerca a él y le invita a que lo
intente, ya que está seguro de que puede vencer su miedo. Le anima a que
confíe en sí mismo y le sopla polvo de estrellas que le dará el impulso necesario.- Lánzate! sólo tienes que desearlo desde el fondo de tu corazón - dice la estrella.
Al escucharse, Joy siente más profundo su miedo y duda por un momento de que pueda lograrlo, pero a la vez siente tan fuerte su deseo de aventura que se lanza al vacío.
- Zaaas! estoy flotaaando! - dice emocionado.
Da giros y más giros, brincando y posándose suavemente sobre ellos.
Permanece
así un buen rato, jugueteando en el espacio y saltando de planeta en
planeta hasta que llega al último, Plutón, donde se da cuenta de que la
estrella le ha estado acompañando e iluminándole en su vuelo casi sin
percibirla y Joy, en un gesto de afecto, le tiende su mano para
agradecerle el empuje.- Hacemos un buen equipo, eh! - dice el pequeño guiñándole un ojo.
Y así continúa incansable fluyendo por el espacio, dando mil volteretas y feliz por haber superado su temor a lanzarse.
Entonces siente algo que le despierta de su sueño; es su mamá, sonriente al borde de su cama dándole toquecitos para espabilarle. El, dándose cuenta del sueño tan agradable que ha tenido, sonríe y dice: sabes qué, mami? te quiero hasta Plutón!

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